Más sabe el diablo por viejo...

Que los partidos pretendan renunciar a casi siete mil millones de pesos, así sea por presión social o por conveniencia, despierta más suspicacia que certeza


28/09/2017 02:06

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José Cárdenas




“Es más fácil engañar que desengañar”.

Napoleón Bonaparte

Los sismos cambiarán el panorama político. La tragedia ha logrado despertar toda la compasión, sí, pero también ha sido usada para cualquier cantidad de abusos y oportunismos convulsos; la sociedad no se deja engañar.

Que los partidos pretendan renunciar a casi siete mil millones de pesos de dinero público, así sea por presión social o por conveniencia, despierta más suspicacia que certeza; suena vulgar y tramposo mezclar medias verdades con medias mentiras para marear al elector.

La “puntada” tricolor, sumada a una lógica de subasta para ver quién da más, a fin de ayudar a los damnificados de los terremotos del 7 y 19 de septiembre, también puede leerse como una maña para legalizar y repartir el botín del cual el PRI ha echado mano, de manera escandalosa, al amparo del gobierno en el poder, como lo vimos en las pasadas elecciones del Estado de México.

Montarse en la demanda ciudadana por el derroche inmoral de dinero, por lo menos huele a podrido en horas de dolor. “Se corre el riesgo de caer en el peor de los mundos cuando lo partidos, al rechazar el dinero publico hacen como que donan lo que no es suyo para comprar lealtades”, afirma el senador Armando Ríos Piter.


Trasladar el financiamiento de los partidos políticos al ámbito del sector privado significaría, en primer lugar, una inequidad democrática preocupante, precisamente privatizaría la política a cambio de favores, y desde luego abriría la opción de utilizar recursos económicos de fuentes ilegales y hasta del crimen organizado. No habrá cómo fiscalizar esos recursos, porque tanto el INE como el Tribunal Electoral son incapaces de hacerlo.

Los consejeros del Instituto Nacional Electoral Ciro Murayama y Jaime Rivera consideran que no es muy buena idea que los partidos políticos dejen de ser financiados con recursos públicos, que renuncien a la prerrogativa para gastos y campañas.

La propuesta priísta suena a demagogia; los tricolores pretenden disfrazarse de paladines de la justicia social de manera bribona.

En cuanto a desaparecer a los diputados y senadores plurinominales, el resultado sería una sobre-representación del partido tricolor y una sub-representación de los demás partidos en ambas cámaras del Congreso.


“El Frente PAN-PRD-MC no están reaccionando con la claridad y velocidad necesarias ante esa trampa”, alega el comentócrata Jorge Castañeda.

El hecho es que la realidad abruma a los partidos políticos. Hagan lo que hagan, serán cuestionados. Si no responden al reclamo social, son egoístas y ladrones; si dan lo que no deberían recibir, están reconociendo que deben ir con los pobres y entonces resultan culpables de estar medrando con la desgracia.  Dicho de otro modo, los partidos no van a rectificar por voluntad propia y espontánea; van a tener que rectificar por la presión de su clientela electoral.

Nos dice Diego Fernández de Cevallos: “Los partidos políticos no deben de ser islotes que den refugio a canallas, sino espacios de trabajo colectivo para que ahí todo aquel que tenga capacidad de hacer un servicio a la vida nacional puedan participar activamente para limpiar la vida política nacional”. 

EL MONJE SOSPECHOSISTA: Dizque los dirigentes del PRD, el PAN y Movimiento Ciudadano están dispuestos a negociar con los dirigentes del PRI y de Morena para estudiar la ruta correcta para ir por cero recursos a los partidos políticos; aseguran no estar cerrados a revisar cuál debe ser el planteamiento que más le convenga a la democracia nacional para reinventar a los partidos y a la clase política, porque ha quedado en evidencia el reclamo público contra un modelo político que ya no funciona. No se trata de adoptar medidas populistas sólo para ganar aplausos. No se vale la mezquindad para buscar el bien del país. Primero ha de resolverse lo urgente, después lo demás, aunque ya sabemos que la ambición del poder no se acaba con un terremoto.


@JoseCardenas1josecardenas@mac.comwww.josecard enas.com




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