Los murales que han resistido más de dos sismos

El antiguo centro SCOP es uno de los edificios emblemáticos de la Ciudad de México que tras el sismo de 1985 perdió tres pisos. En sus paredes quedaron plasmados obras de grandes muralistas mexicanos como Juan O’Gorman y Chávez Morado. Hoy, después de 63 años de existencia, y tras el reciente terremoto, hay versiones que hablan de su demolición y de un segundo rescate de estos murales


29/09/2017 00:00

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Mochilazo en el tiempo




Texto y fotos actuales: Anahí Gómez Zúñiga

Diseño web: Miguel Ángel Gárnica

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En la colonia Narvarte, entre la contaminación y el fluir cotidiano, el centro SCOP se presenta como una obra que se observa sin dificultad por los automovilistas y usuarios del trasporte público. Con sólo asomarse por la ventana se puede admirar el inmueble que destaca por su colorido y valor estético. Actualmente son muy pocos los que conocen la historia de este edificio, que justo hace unos días fue desalojado a causa de los daños que provocó el pasado sismo de magnitud 7.1.


Algunos hablan de una “macabra coincidencia”, puesto que hace 32 años otro terremoto también embistió la antigua Secretaria de Comunicaciones y Obras Públicas cobrándole los 3 últimos pisos. Corría el 19 de septiembre de 1985, cuando un temblor de magnitud 8.1 grados sorprendió a los mexicanos. En la que antes era avenida Fernando Casas Alemán y Niño Perdido, hoy avenida Xola y Eje Central Lázaro Cárdenas, quedaron los despojos de la SCOP. Tres pisos se habían derrumbado, llevándose las vidas de 14 personas.

El terremoto reclamó como suyo a un edificio que en otros tiempos había conocido la fama nacional e internacional, gracias a murales como Canto a la patria de Juan O’Gorman, Los Mayas de Chávez Morado y Sol de tierra y jaguar de Monroy Becerril, entre otros. Se trata de un inmueble que fue admirado por arquitectos y críticos de arte. Una edificación que después del sismo del 85 se dejó llevar por el olvido.

Pese a ello, los murales dañados fueron reconstruidos piedra por piedra, con el escrúpulo de expertos que buscaban preservar la memoria.

La obra que perduraría por siempre

El nacimiento de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP) fue en 1952, cuando el presidente Adolfo Ruiz Cortines nombró al arquitecto Carlos Lazo como ministro de esta secretaría. Una de las primeras acciones de Lazo fue crear un edificio como testimonio viviente de la plástica y la historia mexicana.

Antes de su traslado a la Narvarte, la SCOP tenía su sede en el Museo Nacional de Arte, pero el espacio ya era insuficiente para el número de trabajadores. Al recibir la secretaría, Carlos Lazo decide descentralizar el edificio gubernamental, para construir un centro de comunicaciones que acabara con la dispersión y fuese el principal símbolo de un nuevo comienzo.

En los años cincuenta la colonia Narvarte se encontraba en los suburbios, alejada del caos urbanizado; resultaba complicado el traslado de las zonas más desarrolladas hasta el lugar. Por esto, dentro del mismo espacio, también se irguió una unidad habitacional, un hospital, un centro comercial y otros servicios para los trabajadores. Finalmente el proyecto se integró por cuatro inmuebles, identificados por las letras A, B, C Y D.

Con la firme premisa de crear un inmueble de alto valor artístico, Lazo reunió a Augusto Pérez Palacio y Raúl Cacho, para que ayudaran a dirigir técnicamente el proyecto. Los tres arquitectos ya habían participado juntos en la construcción de Ciudad Universitaria (C.U) y compartían la idea de crear inmuebles en los que se fusionase el talento arquitectónico y muralista.


En los murales del antiguo Centro SCOP, aún se pueden encontrar las firmas de muralistas como el maestro Arturo Estrada, uno de los “Fridos” sobrevivientes.

Para el proyecto se convocó a Juan O’Gorman y José Chávez Morado, quienes igualmente habían realizado murales en Ciudad Universitaria. Otros que formaron parte de esta tropa creativa fueron proyectistas, escultores como Francisco Zúñiga y Rodrigo Arenas Betancour, estudiantes de artes plásticas, obreros, artesanos, pintores y muralistas como los dos estudiantes más destacados de Frida Kahlo, los maestros Arturo Estrada y Monroy Becerril, quienes realizaron sus propias obras de acuerdo a temáticas específicas.

El mismo Carlos Lazo dijo a los artistas que la SCOP era “una obra para perdurar, evitemos lo pasajero y lo anecdótico, busquen los símbolos afirmativos y eternos”. Así, averiguando el habla de lo eterno, en 1953 se empezaron labores para concebir al nuevo centro de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

El día que lo eterno se derrumbó

 Después de 14 meses de trabajo continuo, el nuevo centro SCOP fue inaugurado en 1954; el inmueble se engalanaba con piedras nacionales que llenaban de matices al inmueble. Monsiváis tenía razón al asegurar que “los muros trascienden”.

En 1976 la SCOP tuvo otra renovación, ahora dejaría de ser la Secretaria de Comunicaciones y Obras Públicas, para volverse en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Al nuevo edificio parecía sentarle bien el cambio, los tiempos le auguraban la eternidad que Carlos Lazo deseaba. Entonces la pregunta era: ¿lo eterno también se viene abajo?

El 19 de septiembre de 1985 llegó el terremoto; la tierra se cimbro, la gente gritó y el dolor inundó la ciudad. Sólo el polvo se expandía inerme por las calles. Al día siguiente la ciudad amaneció en escombros, en la edición de aquel día se leía en el periódico EL UNIVERSAL: “Tres pisos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, quedaron destruidos por completo; extraoficialmente se informó que ahí perecieron 14 empleados que llegaron a laborar por la mañana”.

EL UNIVERSAL, en su edición del 20 de septiembre de 1985, publicaba una fotografía de la destruida Secretaría de Comunicaciones y Transportes (en la parte superior derecha)


El número exacto de muertos dentro del edifico nunca fue certero, ni tampoco se dio un dato oficial al respecto. Las voces de aquella tragedia siguen enterradas, duelen a quienes lo vivieron y a una nación entera que presenció lo frágil que es el humano frente a la fuerza de la naturaleza.

El 28 de septiembre de 1985, Tomás Zurián, director del Centro Nacional de Restauración de Obras Artísticas, dijo a una revista que “salvo la parte alta de la SCOP (Comunicaciones), que es muy grave, lo demás no nos preocupa. No ha habido desplome del mural, afortunadamente, y hasta ahora es restaurable. Eso nos tiene angustiados, y es que hay un alto riesgo; la inestabilidad del edificio es grande”.

Gracias a la rápida intervención del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y por el rango de ser una secretaría, la SCT se reanimó; cada mural se reconstruyó piedra por piedra, aunque muchos perdieron su sentido al no ser restituidos en totalidad.

Los mosaicos que conforman murales

Una pequeña con trenzas y zapatitos amarillos se sienta en las escaleras de entrada a la SCT. La niña se llama Rosa, tiene seis años y espera a su mamá.  Ella juguetea con una roca que patea de un lado a otro. “Rosita” opina que los murales son bonitos porque tienen muchos colores y están felices.

En el libro Espejos: una historia casi universal, Eduardo Galeano escribe que el pintor Pedro Figari sostenía: “la moda exige que hasta las puertas, ventanas y celosías se pinten de gris”, los alrededores se vuelcan a la melancolía, al sinsabor del cemento, sin embargo, el antiguo Centro SCOP es una de las variadas y coloridas excepciones que se encuentran en la ciudad.

Ciclista se pasea frente a los murales de la Secretaria de Comunicaciones y trasportes. Año: 2017

Los murales de esta edificación son una combinación de tiempos y emociones. Mezcla de épocas prehispánicas, virreinal y del siglo XX con la comunicación y el transporte; esto a petición del secretario Carlos Lazo, quien exigió que la temática se respetara.


De acuerdo a datos proporcionados por Sonia Sierra, reportera de este diario, los murales llevan los nombres de: Canto a la patria, Independencia, Progreso  y Los libertadores, de Juan O´Gorman; de Chávez Morado, Los Mayas, Conquista y Libertad, los aztecas, Cosmogonía y Cuatro Siglos de Comunicaciones; de Guillermo Monroy, Sol de Tierra y Jaguar; de Arturo Estrada, Sol de aire; de Luis García Robledo, Al héroe del trabajo; de Rosendo Soto, El trabajo obrero y campesino e Intercambio de Productos; de José Gordillo, Sol de agua y de Jorge Best, Sol de lluvia.

El investigador y director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Autónoma de México, Renato González Mello, explica a EL UNIVERSAL que “los murales de la SCOP hablan de un momento en el que el estado buscaba interactuar con la identidad de los ciudadanos a los que se imaginaba en plena formación. Permiten un ámbito de reflexión individual y contribuyen a la confrontación de la conciencia histórica”.

Las esculturas que conforman el inmueble son de Francisco Zúñiga y Rodrigo Arenas Betancourt. El primero realizo la obra conocida como Los relieves de Zúñiga, un relieve de 200 metros cuadrados en piedra chiluca. Mientras que Betancourt se encargó de la escultura realizada en honor a Cuauhtémoc.

Un automovilista se estaciona frente a la Secretaria de Comunicaciones y trasportes, que ya se ha convertido en parte del paisaje urbano en la colonia Narvarte. Año: 2017


Fomentando la unión artística y la creación extendida, el antiguo centro SCOP se convirtió en un ejemplo de la integración plástica o arquitectura integrada, que  según la investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), María Teresa Favela Fierro, alude a: “(La integración plástica) se refería a que las edificaciones conjugaran en su diseño los recursos de la arquitectura, la pintura y la escultura, con el propósito de imprimirles una mayor fuerza expresiva”.

La técnica empleada en los murales fue tipo mosaico mexicano, método que consiste en entrelazar piedras de color natural  (vidrio, barro cocido y esmaltado), obtenidas de distintas regiones del país.

“El uso del mosaico se vuelve una alternativa porque la técnica que se usaba, como la pintura al fresco, no resistía muy bien los factores de deterioro del medio ambiente. Fueron los mosaicos los que tuvieron mayor durabilidad y el experimento con ellos fue exitoso”, detalla el Doctor Mello.

El colorido del antiguo Centro SCOP se debe a los mosaicos mexicanos de color natural que fueron utilizados en la hechura de cada uno.


Lazo entendió lo original del material y que al mismo tiempo se trataba de un coste bajo. Decidió recubrir los muros de la SCOP con mosaico, logrando un edificio que sintetizaba la vanguardia internacional y el nacionalismo.

Este método totalmente mexicano le dio brillo al país, pero con el paso del tiempo el mosaico parecía cosa del ayer. Muralistas y arquitectos lo dejaron llenarse de polvo, al respecto Renato Mello opina: “aunque las técnicas son reinventadas en la producción artística y reformuladas, son algo vivo y cambiante, no debe perderse el saber de estas “.

Entre el descuido, el olvido y la omisión

—¿Me lleva al antiguo Centro SCOP?


—¿A dónde, güerita?

Es la respuesta de un par de taxistas que circulan afuera del metro Xola. También se vuelve la expresión de muchos habitantes en la gran urbe; el desconocimiento de este lugar se afianza, sin importar el valor estético de este edificio.

 “Creo que he pasado por el lugar, lo he visto de lejos desde mi coche. Me parece que es una obra de O´ Gorman, pero no me creas mucho” comenta el arquitecto Miguel Talavera, de 52 años, quien habla con EL UNIVERSAL sobre cómo este inmueble es subestimado por muchos e ignorado por la mayoría, a pesar de su obra plástica.

En su artículo El Oficio de pintar, el propio Monrroy Becerril dice: “Considero que se debe poner atención a los murales olvidados que hay en el país y que se están deteriorando, injusto sería que se les ignorara, porque forman parte ya del patrimonio nacional”.


La información sobre la situación estructural del edificio actualmente es nula; los datos respecto a los murales no van más allá de un par de artículos. Para pasar a ver las obras que se encuentran en el estacionamiento, es necesario enviar un escrito en el que se explique la razón de la visita. A partir de este, los funcionarios deciden si conceden o no el acceso. Hasta el momento de publicado este texto, EL UNIVERSAL no recibió respuesta a la petición formal para entrar a tomar fotografías enviada a la gerencia de actividades sociales, culturales y recreativas.

Los empleados prefieren no hablar y el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) da largas para una entrevista con algún experto que hable del desgaste y cuidado de los murales: primero afirmaron que en cuanto tuvieran disponibilidad de algún investigador sobre el tema llamarían para avisar y agendar una cita. Nunca llamaron. Después proporcionaron el número de Roberto Perea, a quien no pudimos localizar pues ya no trabaja para ellos. Al final nada. Solamente el silencio.

Como reconocimiento exprés, en el año del 2004 se celebró el 50 aniversario de la SCT con 300 mil estampillas postales, con un valor de seis pesos con cincuenta centavos y 100 mil hojas recuerdo valuadas entonces en siete pesos con cincuenta centavos. Las ilustraciones provenían de las obras de Juan O´Gorman, José Chávez Morado y Francisco Zúñiga, emitidas por el Servicio Postal Mexicano.

Hoy, algunos transeúntes se pasean por las calles aledañas al inmueble, muy pocos se paran a observar las figuras que se extienden en los muros. Alrededor el flujo de autos y transeúntes sigue con la normalidad citadina.


Frente a  la SCT hay un puestecito de dulces donde atiende Doña Andrea Martínez Morado.

—¡Señora, me pasa una alegría! —Le gritan desde la reja que protege al estacionamiento de la Secretaría.

Doña Andrea es originaria de Silao, Guanajuato y lleva 27 años trabajando en su puesto. Ella asegura sentirse orgullosa de compartir apellido con el muralista Chávez Morado. “El trabajo que hicieron los muralista es fabuloso, pero la gente no le pone atención, entran pero pasan de volada, ni les hacen caso”, Doña Andrea porta una camisa a cuadros y me mira directamente a la cara para explicar que casi nunca ve a nadie pararse a tomar fotos, contrario a lo que sucede en otros lugares de menor relevancia como los centros comerciales, “me causa tristeza que seamos ignorantes y no nos fijemos en las cosas tan bonitas que tenemos y no admiramos”.

La señora Andrea Martínez Morado, orgullosa de compartir apellido con el artista mexicano Chávez Morado, posa para una fotografía delante de su puesto de dulces.


La señora Andrea Martínez suele contarles a todos los trabajadores de la Secretaría sobre la importancia histórica del lugar en el que trabajan, aunque estos se aburran o su marido le diga “que nomás los anda molestando”. Tiene una certeza bien sostenida sobre la importancia de compartir sus conocimientos con la gente que la rodea, “se me hace que deben darle más difusión a este edificio. También que en las escuelas deben enseñarle más a los chavos sobre muralismo y arte”.

El antiguo centro SCOP se nos presenta como una metáfora ineludible del ayer, como un eco que se revela a los años.

Se revive la tragedia

32 años después, la tragedia regresa. De nuevo los periódicos y medios de comunicación bombardean con noticias que estremecen. Otra vez los escombros se abren para dejar en sus entrañas todo aquello que conocemos como vida. Se repite el terremoto, el dolor ya conocido. De nuevo un 19 de septiembre; el otro en 1985, el de ahora en 2017.


El pasado 26 de septiembre la SCT fue desalojada debido a aparentes daños ocasionados por el terremoto de magnitud 7.1. Han pasado 63 años de su inauguración y ahora deja su sede para mudarse a Insurgentes Sur 1089, en la colonia Nochebuena.

Después del reciente sismo, así luce el edificio de la SCT.

De acuerdo a una nota de Sonia Sierra, publicada ayer 28 de septiembre en este periódico, las esculturas de Francisco Zúñiga y Betancourt que se observan en esta zona no sufrieron ningún deterioro; sin embargo, un mural de Chávez Morado perdió algunas piezas de mosaico, de 80 por 80 centímetros y otras de las pinturas también perdieron mosaicos. La reportera da cuenta de que en 2012 ya se habían restaurado algunas obras con un costo de 12 millones de pesos.

Según declaraciones de ayer Fernando Gamboa, director general de Fomento y Administración Portuaria de la SCT, se tiene la propuesta de demoler el edificio, pero antes se rescatarían los murales que no sufrieron ningún daño. Sin embargo, en un comunicado, la dependencia informó que aún no se concluye el dictamen y que hasta que se tenga toda la información se tomará una decisión


Fuentes: Entrevista con Renato Gonzales Mello, Andrea Martínez Morado y Miguel Talavera. Escultura integrada a la arquitectura y escultura monumental urbana en las Bienales Nacionales, Artículo de María Teresa Favela Fierro. Artículo El Oficio de pintar de Guillermo Monroy Becerril. Libro Espejos: una historia casi universal de Eduardo Galeano. Artículo El mosaico mexicano, una aportación al muralismo de Guillermina Guadarrama Peña. Archivo hemerográfico de EL UNIVERSAL. SCT cambia de edificio por sismo, video publicado por EL UNIVERSAL el 26 de septiembre del 2017.




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