Todos pueden aprender música

El Centro de Iniciación Musical Ahuehuetes (CIMA) acerca al arte a los vecinos de Cuautepec de Madero, una comunidad en la que no abundan los lugares de esparcimiento. Además su método brinda la posibilidad de que personas con Síndrome de Down y Autismo aprendan canto, solfeo y a tocar un instrumento.


18/08/2018 00:02

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#OrgulloMexicano




En la delegación Gustavo A. Madero, en el extremo norte de la ciudad, los vecinos de Cuautepec de Madero caminan por debajo de la acera que siempre está ocupada por los vendedores ambulantes, los perros callejeros buscan comida y los microbuses y vochos que fungen como taxis pirata obstruyen el paso de la avenida principal de tan solo dos carriles.

En ese contexto, en la calle Chamizal de la colonia Ahuehuetes, se encuentra el Centro de Iniciación Musical Ahuehuetes (CIMA) que este día se ha convertido en escenario para que sus alumnos, niños; jóvenes y adultos, puedan mostrar con sus instrumentos los progresos musicales que lograron durante el semestre.

Detrás del telón improvisado con telas negras sale Sebastián, de 15 años, y hace una reverencia frente a su público. Se sienta al piano y entona Minuet en G Major de Johan Sebastian Bach. Al terminar y después del aplauso, sus dedos se vuelven esclavos del Jazz con la versión del famoso Louis Armstrong de St. Jame Infirmary y el público lo observa con asombro.

Sebastián, quien inició a aprender música en esta escuela a los 7 años, hoy toca el violín, el piano y la guitarra, además de poder leer las notas y componer sus propias piezas musicales. Sin embargo, relata Alicia Reyna, su madre, esto no habría sido posible sin CIMA, pues en la comunidad es la primera escuela que se dedica formalmente a la enseñanza musical.

La Orquesta Infantil y Juvenil de CIMA. Se puede observar a Sebastián tocando el violín.

La fundadora y directora de CIMA, Aimé Mendoza, licenciada en Educación Musical por el Conservatorio de Música del Estado de México, reconoce que su proyecto siempre fue pensado para ofrecerle a la comunidad exactamente esa oportunidad de acercarse al arte y de ser un espacio para el desarrollo personal, emocional y social”, cuenta.


Su inquietud, relata, nació de observar la falta de lugares dentro de Cuautepec en donde la gente pueda disfrutar de la cultura y el arte, y con su escuela brinda a niños, jóvenes y adultos un espacio para el disfrute de la música y un sitio para aprender a tocar un instrumento.

Alicia, quien es maestra de historia y formación cívica y ética en secundarias de la zona, observa una diferencia muy grande entre sus alumnos, y los alumnos de CIMA. El trato hacia el otro, dice, es más respetuoso y los niños siempre están para ayudarse entre sí.

Para ella, la formación que se le ofrece a su hijo en CIMA y la cercanía con la música lo han hecho crecer de una manera diferente. “Sebastián es un chico muy creativo y muy emocional y todo eso se refleja en su vida diaria y también en su formación académica”, dice.


Además, gracias a los maestros y a la pasión por la música que le han inculcado, Sebastián, quien está a punto de ingresar a la educación media superior, está pensando ya en dedicarse profesionalmente a la música.

Clase grupal de piano. Los alumnos aprenden divirtiéndose. Cortesía CIMA.

Por una mensualidad de 450 pesos al mes, los 100 alumnos inscritos disfrutan a la semana de una clase de instrumento, una de solfeo y los niños una clase de coro, situación que la vuelve una escuela totalmente accesible, pues el precio es muy bajo comparada con otras escuelas de las colonias circundantes, como Lindavista y La Villa en donde son más comunes. En estas, las colegiaturas van desde los 750 a los 2 mil 500 pesos mensuales por una sola hora de clase a la semana.

Además de esto, cuenta la profesora Aimé, quien también imparte las clases de violín, canto y coro, la calidad educativa y musical que ofrece CIMA es altísima, pues está reconocida por la Asociación Mexicana del Método Suzuki que certifica escuelas a lo largo de la República, cuyo propósito incluya el colaborar en la creación de una sociedad más libre y feliz”.


El Método Suzuki

Una de las cosas más especiales de la escuela, es precisamente el método de enseñanza que siguen, que es en realidad toda una filosofía que se guía bajo el dicho de su creador, el pedagogo y violinista japonés Shinichi Suzuki de: “Cada uno a su paso, cada uno a su propio ritmo. Todos pueden”, relata la directora.

Asimismo, el método creado hace más de 30 años, está edificado sobre la analogía de cómo los bebés aprenden a hablar. El pedagogo japonés sugería que los niños aprendían simplemente por imitación, por estar inmersos en el entorno en el que se habla su idioma.

El propósito del método Suzuki es aplicar el mismo precepto a la música. Al principio de la educación, se pide a los alumnos o a sus papás que reproduzcan un CD que contiene las melodías que se aprenderán en el primer periodo de aprendizaje (dividido por libros), para que “asimilen y sientan la música, para después, poder interpretarla ellos mismos”, explica el Profesor Elías Flores, maestro de piano y solfeo de CIMA.


En CIMA se imparten clases de Violonchelo, violín, acordeón, corno francés, trompeta, piano, clarinete, saxofón, flauta y batería

Además, la motivación y la participación de toda la familia en el aprendizaje musical es crucial en este método. “En los tiempos en que vivimos actualmente es de suma importancia mantener a la familia como base de la sociedad, y el método Suzuki acerca a los papás a la educación del alumno. El papá no es el que se queda afuera esperando a su hijo, o el que lo deja en la puerta y luego viene a recogerlo, no, tenemos una relación muy estrecha con el papá, alumno y maestro”, detalla Aimé.

La profesora explica que el padre o madre entra a clase, “ve lo que hacemos y en casa se puede convertir en el maestro de su hijo y puede aprenden a tocar el instrumento juntos y así, se crea un ambiente más agradable y motivador para la práctica”.

Por otro lado, la enseñanza es personalizada, cada alumno avanza a su ritmo y de acuerdo a sus posibilidades, por lo que es fácil también la integración de alumnos con capacidades diferentes. En CIMA se enseña música a personas con Síndrome de Down o con Autismo.


Marco Antonio toca el violín y forma parte de la Orquesta Infantil y Juvenil de CIMA, apoyando con las percusiones.

El método que se sigue es el mismo y se hacen adaptaciones muy simples para hacerle más fácil al alumno comprender, se utilizan lo colores, se explican las cosas de manera más fácil y se trabaja un poco más con la motricidad, según explican el maestro de piano, Elías Flores y el profesor Armando Hidalgo, de batería, y se les incluye en todas las actividades.

Jacobo toca el violín desde hace un año y medio y es parte de la orquesta de CIMA. Antes de llegar ahí, había visitado junto a su madre otras escuelas de música; sin embargo, cuando comentaban que Jacobo tiene autismo, siempre ofrecían excluirlo para darle clases especiales sólo a él, cuenta Silvia Ruiz, mamá del pequeño.

Jacobo tocando el violín en un ensayo de la orquesta


En CIMA todo fue diferente. Bajo una observación inicial, “la maestra Aimé lo integró sin problema y para mi hijo esto ha sido bastante favorable. Psicológica y emocionalmente hablando, a mi hijo le ha dado mucha estabilidad”, expresa Silvia.

Otras actividades de esparcimiento

Además de los recitales que se organizan semestralmente, para padres de familia, principalmente, la escuela cuenta con grupos representativos como lo son el coro infantil, el grupo de rock y la Orquesta Infantil y Juvenil de CIMA. Esta última, explica Aimé, es la que más sale de la escuela a ofrecer conciertos gratuitos en parques, jardines y deportivos de la comunidad y dentro del Distrito Federal.

Los alumnos de CIMA ofreciendo un concierto en el Faro de Indios Verdes


Estas actividades se realizan con los objetivos de llevar el arte a la gente, hacer notar el trabajo de CIMA y que más personas quieran aprender a tocar un instrumento, además de que los alumnos vivan la experiencia de estar frente a un público y aumentar sus aprendizajes.

Alex y Juan tocan la guitarra (entre algunos otros instrumentos), durante su muestra de fin de semestre, entonaron juntos algunas canciones de rock, entre ellas 505 y One Point Perspective de Arctic Monkeys, banda por la cual comparten el gusto.

Para ambos, estas actividades son muy importantes pues “te ayuda a tener menos pena para cuando toques frente a las personas con una banda, y el ambiente es muy bueno”, comentan.

Alex durante un ensayo en CIMA


Además, el próximo año, 20 alumnos de CIMA tendrán la oportunidad de vivir una experiencia de talla internacional, pues se llevará a cabo, del primero al cinco de mayo la primera Convención de Suzuki de las Américas, en Cancún Quintana Roo, la cual, dice Aimé, será una oportunidad única de aprendizaje para los alumnos y los padres de familia.

Estos pequeños, de entre los 6 y los 16 años de edad, podrán asistir pues es requisito que cuenten con un amplio repertorio para poder representar a la escuela, y “gracias al gran tiempo de trabajo continuo, estos 20 niños ya son capaces de representarnos a nivel internacional”, cuenta la directora.

Sin embargo, no será una tarea fácil, pues también está el requisito de índole económico de cubrir el costo de la inscripción de 350 dólares por alumno, además de costear los gastos de hospedaje y comidas. Para reunirlos, los padres de los menores están realizando actividades como la venta de dulces, comida y llaveros para poder darles esta oportunidad a sus hijos.

Teniendo como fecha límite el primero de septiembre de este año para la inscripción, que se cerrará al llenarse el cupo, padres, alumnos y maestros temen no poder reunir el dinero necesario, por lo que la directora Aimé pidió a los lectores interesados en donar, escribir al correo centro.deiniciacion.musical@hotmail.com para tener más detalles, pues por muy pequeñas que sean las donaciones ayudarán a cumplir el sueño de estos pequeños artistas.


Fátima, Amanda y Karen, de nueve, 10 y 15 años, son algunas de las niñas que representarán a CIMA el próximo año. Todas alcanzan el nivel y tienen la experiencia que solicita la convención. Sin embargo, se dan cuenta de que necesitan apoyo económico pues las inscripciones son altas.

Fátima, Amanda y Karen, de derecha a izquierda, acompañadas por Antonio.

“La música nos enseña también a convivir con otras personas, a pensar y actuar de distinta manera y nos enseña a convivir con otras personas, y a respetarlas”, dice Amanda, quien toca el violín. Asistir a la convención, podría ser la oportunidad perfecta para demostrarle lo que ha aprendido al mundo. “Nosotros le estamos poniendo todas las ganas, pero sí nos hace falta el apoyo de los demás”, dice.

La maestra Aimé reitera que ellos quisieran contar con las posibilidades económicas para poder pagar la inscripción de cada alumno, pero no les es posible. CIMA tiene también responsabilidades con los demás alumnos, para quienes tiene un programa de medias becas y becas completas para niños de preescolar a secundaria con buen promedio.


Aun así tanto directora, como los 7 profesores que imparten clases en este centro, en conjunto con los padres de familia y alumnos, buscarán la manera de poner a CIMA en alto el próximo mayo.

Gracias a esta escuela de música, el sueño de Mozart alcanza a los niños de esta comunidad, quienes pueden experimentar la sensación de interpretar ante el público armoniosas melodías y desarrollar su talento. ““Todo nuestro esfuerzo se compensa con los aplausos que al final nos dan las personas”, dice Karen.

La maestra Aimé Mendoza dirigiendo a la orquesta. 




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