El Carrete llevó el dolor también a su familia


04/09/2018 02:06

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Héctor De Mauleón




El pasado 28 de agosto dos personas que viajaban en una motocicleta Pulsar de color negro fueron detenidas en Jojutla, Morelos. Se hallaban en posesión de dos armas, una de ellas una Smith & Wesson, y de varios envoltorios de marihuana.

Uno de los detenidos resultó ser Alexis Mazari Ayala, el hijo del narcotraficante más buscado en el estado de Morelos, Santiago Mazari Miranda, alias El Carrete: el líder de Los Rojos en dicha entidad.

La policía había recibido denuncias relacionadas con el hijo de El Carrete desde diciembre pasado. Las denuncias informaban que el joven solía acudir a tomar clases en cierta universidad armado y rodeado de escoltas; que solía comportarse de manera agresiva y prepotente; que sus guardaespaldas habían llegado a agredir a varios estudiantes, y que las autoridades universitarias no hacían nada porque sabían quién era su padre.

El Carrete es uno de los objetivos prioritarios del actual gobierno federal. La primera parte de su carrera criminal la hizo al servicio de Arturo Beltrán Leyva, de quien fue escolta. Tras el abatimiento de este capo quedó como “jefe de plaza” de Los Rojos en Amacuzac, Tetecala, Puente de Ixtla y Acatlán.

Cuando los fundadores de esta organización criminal, Crisóforo Maldonado, alias El Bocinas, y Antonio Elí Román Miranda, La Moña, perdieron la vida en pugnas de poder (al Bocinas lo mataron en Médica Sur, donde se hallaba internado; a La Moña, en un camino de Tequesquitengo), El Carrete se convirtió en amo absoluto de Morelos.

El regreso a su lugar natal, Amacuzac, coincidió con el arribo a la presidencia de ese municipio de su tío, Alfonso Miranda Gallegos.


En pocos años, El Carrete se convirtió en el terror del estado. Decretó “levantones”, asesinatos y descuartizamientos. Controló el narcomenudeo, el paso de la droga, el secuestro y la extorsión.

Desde entonces Los Rojos financian campañas, imponen jefes policiacos, asesinan a funcionarios, agentes y candidatos que le estorban. Con el contubernio de autoridades de los tres niveles han convertido en una tragedia la vida de los morelenses.

El hijo de El Carrete afirma que no ve a su padre desde hace dos años. Que la última vez que lo vio –el último recuerdo que tiene de él—, El Carrete abría fuego contra un grupo de agentes en Amacuzac.

Hace unos meses, la Policía Federal detuvo en Tecámac, Estado de México, a Sergio Sánchez, El Telúrico. Según la Policía Federal, se trataba del mayor sicario de Morelos: el hombre de confianza de El Carrete.


El Telúrico se había escondido luego de que una narcomanta le prometió la muerte. Lo encontraron viviendo en una “ciudad dormitorio” semiabandonada, y trabajando como conductor del Mexibús. Esta detención permitió a las autoridades obtener un retrato más completo de Mazari Miranda.

Converso con algunos agentes de la Comisión Estatal de Seguridad que participaron en la detención de Alexis Mazari. A partir de lo poco que el joven les dijo, confirmaron que El Carrete no solo ha llevado el horror a Morelos: también lo ha metido en las vidas de sus propios familiares.

Dos hermanos de El Carrete se encuentran presos; el narcotraficante rompió relaciones con su tío, el ex alcalde de Amacuzac —que en las elecciones pasadas volvió a competir por Morena (y ganó), y hoy se halla procesado, entre otras cosas, por la protección que le brindó a Mazari.

El hijo de El Carrete no recibe apoyo monetario por parte de su padre. Para poder pagar la carrera que eligió, el joven decidió dedicarse a lo que ha visto hacer desde que nació: vender armas de fuego, mover alguna droga.


Alexis confirmó que El Carrete se inició en vida criminal en Sonora, “pasando gente a Estados Unidos de forma ilegal”. Ahí se relacionó con los que eran los jefes del Cártel del Pacífico en la región: los hermanos Beltrán Leyva.

De la mano de ellos volvió al centro del país para operar el corredor de droga que pasa por Guerrero, Morelos y la Ciudad de México.

Alexis dijo que solo sabía de su padre cuando algunos desconocidos se le acercaban y le ponían en la mano un celular. Entonces, El Carrete le preguntaba “cómo están las cosas”.

Pero eso ocurría muy rara vez.


Ahora uno de ellos sigue libre, y el otro está en la cárcel.




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