El Trump brasileño

Cuando el eje antisistema comienza a ser cada vez más relevante, Bolsonaro ha logrado agradar a un gran número de brasileños


08/09/2017 05:45

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Hernán Gómez Bruera




En abril de 2016 un diputado brasileño alcanzó fama universal cuando, en medio de la sesión en la que se votaba la destitución a Dilma Rousseff —una mujer que fue torturada por la dictadura militar—, dedicó su voto a la memoria de un general torturador. Se llama Jair Bolsonaro, es el político más popular en las redes sociales brasileñas (con 4.3 millones de seguidores en Twitter) y será candidato presidencial en 2018.

Bolsonaro es un ex militar y un político de extrema derecha que ha pasado por cinco siglas partidistas. Defensor de la tortura, convencido de la pena de muerte, enemigo declarado de los derechos humanos y abiertamente racista, homofóbico y machista, el hoy integrante del Partido Socialcristiano defiende los 20 años en que Brasil vivió bajo el yugo dictatorial (1964-1984) como un periodo de “orden y progreso”.

Sus declaraciones hacen parecer al mismo Trump como un sujeto agradable: ha comparado a los afrodescendientes (o quilombolas) con los “cerdos”, ha declarado que los negros “solo sirven para procrear” y ha llamado a los indios “pestilentes y maleducados”. Cuando fue acusado por una diputada de izquierda de haber cometido una violación, arremetió contra ella diciéndole que no tenía nada de que preocuparse, que a ella no la iba a violar, por fea.

Existe una colección de más de 100 frases homofóbicas de su refinada autoría: “No voy a combatir a los homosexuales ni a discriminarlos, pero si veo a dos hombres besándose en la boca en medio de la calle, voy a golpearlos”. Bolsonaro ha dicho también que sería incapaz de amar a un hijo homosexual. “No voy a ser hipócrita: prefiero que un hijo mío se muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí”.

Enemigo declarado del Estado laico, para Bolsonaro “Dios debe estar por encima de todo”. Como la mayoría de los brasileños son católicos, “las minorías tienen que amoldarse a la mayoría” y si no les gusta “que se vayan”.

Aunque el convulsionado panorama político brasileño no muestra todavía un claro favorito para 2018, a la fragmentación se suma una señal de alarma: Bolsonaro aparece disputando el segundo lugar en la primera vuelta de las elecciones del próximo año, según Datafolha, la casa de encuestas más importante del país.


El ultraderechista (que fue también el diputado más votado en la última elección en el estado de Río de Janeiro) alcanza un 15% de las preferencias, casi el doble de lo que tenía hace un año. Si bien es la mitad del 30% que tiene Lula, cuya incierta candidatura habrá de resolverse en los tribunales, está un punto por encima de la ecologista y dos veces candidata, Marina Silva. Nada descarta que Bolsonaro pudiera estar en la segunda vuelta presidencial.

En un mundo en el que el eje antisistema comienza a ser cada vez más relevante, Bolsonaro ha logrado agradar a un gran número de brasileños —jóvenes gran parte de ellos— por ser visto como un outsider de la política tradicional. En ese mundo cada vez son más los ciudadanos que aceptan determinadas opciones políticas simplemente por ser “políticamente incorrectas”. Así, el Trump brasileño se siente facultado para escupir lo que sea, orgulloso de que no es un “candidato para agradar”, sino para “decir lo que hay que decir”.

Hoy Bolsonaro tiene tan sólo un índice de rechazo de 23%, muy por debajo de los políticos más conocidos, como Temer (64%), Lula (45%) o Aécio Neves (45%), todos ellos implicados en escándalos de corrupción; escándalos que evidentemente han colocado en el descrédito al grueso de la clase política brasileña. Nada que no pueda suceder en una nación como México, donde —como mostró recientemente Consulta Mitofsky— más de 30% de las personas desconfían completamente de las instituciones, convirtiéndose en potenciales sujetos de un discurso antisistema.

Analista político e internacionalista.@hernangomezb





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