Irma


09/09/2017 01:54

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Miguel Gurwitz




Esta será la última noche de tranquilidad en Florida, quizá el último amanecer donde la gente pueda abrir su puerta y ver todo exactamente igual: los árboles, las casas de los vecinos, los comercios, las calles, los autos; todo en su lugar.

No será un domingo cualquiera, no. Será una jornada que modifique nuestras vidas para siempre y quizá algunos no corran con la suerte de ver con sus propios ojos lo que habrá dejado esta bestia de 70 millas de diámetro, que posee una fuerza nunca antes vista.

Le soy sincero, pensé que sentiría paz cuando mi familia estuviera sana y salva. La noche del jueves logré volarlos a México, lo que me representó un gran alivio, sí, pero muy lejos estoy de encontrar el significado de la palabra tranquilidad.

Yo también logré salir, pero mientras más me alejaba de mi casa, más pensaba en la gente que se ha quedado ahí atrincherada y con rezos prolongados como mecanismo de defensa. Pienso en mi primo, en su esposa y sus dos niños pequeños. Pienso en mis amigos, en mis vecinos, en mis compañeros de trabajo, en la gente que no ha encontrado refugio o que no tiene los medios necesarios para esperar lo que viene. Pienso en la ciudad y en el estado. Me lleno de angustia, de miedo, de dolor, de llanto sostenido, de impotencia.

Y si no logro encontrar las palabras exactas para transmitir lo que se vive en estos días, menos me da la cabeza para imaginarme el día después, porque según lo que leo, veo y escucho, cualquier escenario es corto en relación a lo que habremos de encontrar.

Ver a la gente literalmente correr y huir por sus vidas, los supermercados vacíos, las gasolineras con filas interminables, el aeropuerto colapsado y los rostros de desesperación de pasajeros que han sido avisados sobre la cancelación de sus vuelos, ha sido muy doloroso, porque literalmente significa que les están quitando una oportunidad para salvar sus vidas.


El tiempo sigue corriendo y al mismo tiempo agotándose... Sólo me queda rezar, y le pido a usted que haga lo mismo.

Que Dios nos cuide.

futbol@eluniversal.com.mx




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